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jueves, 9 de julio de 2009

¡Para estos niños no existió el teletón!


La niña tiene 12 años y pesa solamente 24 libras El varón es dos años menor pero parece gemelo con su hermana La misma familia materna la ha denunciado para que la echen de su casita

Rivas es el departamento que, con sus playas maravillosas y la riqueza de sus tierras, alberga un paraíso terrenal. Pero también puede ser sede del infierno. Para Miriam Bustos, humilde mujer residente en el pueblecito rivense de Conchagua, lo es desde hace muchos años.

Con Miriam, de 33 años, hablamos un día de la semana pasada y lo que nos contó es como para inscribirse en los anales del dolor y la tragedia humanos.
Miriam nos dijo que un 16 de marzo de 1997 nació su hija Clara Valeska Briceño Bustos. En vista de su escaso peso (apenas dos libras), los médicos se dieron a la tarea de hacerle una serie de estudios clínicos y fue ahí donde le detectaron una severa lesión cerebral a la pequeña, que pasó con tratamiento durante siete años, aunque la desahuciaron cuando tenia apenas cuatro años.

El tiempo fue pasando pero Valeska no crecía porque su retardo cerebral se lo detuvo.
La madre luchó y batalló contra viento y marea por su hija a pesar de los diagnósticos médicos. Para mantenerla se dedicaba a vender lo que fuera en las calles, plazas y mercados de Rivas.

En el año 1999 doña Miriam quedó otra vez embarazada. El 13 de enero del 2000 nació Franklin Bustos, su tercer hijo, pero al parecer el pequeño también venia con problemas aunque más leves que los de su hermana Valeska.

“A Franklin lo que me le detectaron fue un soplo en el corazón, pero este soplo no permitió que mi niño creciera y se desarrollara normalmente. Los pies son volteaditos, la cabeza no la logra sostener y es bien aguadita. Los médicos me dijeron que les suspendiera el tratamiento a los dos porque no estoy haciendo nada por ellos”, relata la sufrida madre.
Una mentira piadosa

¡Son gemelos!, es lo que tiene que decir cuando en la calle algún curioso, al ver a los niños, se asombra del estado en que están los pequeños. Porque los dos tienen las mismas medidas aunque la niña tiene doce años cumplidos y el niño diez. “A los dos les pongo ropita de niños de un año”, cuenta doña Miriam.

A sus doce años la pequeña Valeska pesa 24 libras, ya es toda una señorita, pero su lesión cerebral la hace ver de aproximadamente un año, lo mismo que su hermanito Franklin, que tiene nueve años y parece un niño de un año. Franklin pesa 25 libras.

Ambos niños asisten a un centro de atención primaria de los Pipitos en Rivas. “Ahí me les hacen ejercicios dos veces por semana, pues por sus problemas ninguno de los dos puede caminar, tampoco pueden hablar. Yo les pedí ayuda a los directores de este centro y les dije que era sola, que me ayudaran con la compra de un cochecito para gemelos y me dijeron que no”, se lamenta.

Así fue que Miriam recogió de peso en peso hasta reunir lo suficiente para la compra de este medio de transporte, el cual es más cómodo para los “gemelitos” y para ella.

Hay que enfatizar que la única ayuda que ha recibido esta pobre mujer, para ella y sus pequeños, es por parte de la fundación “Red de Apoyo”, la cual trabaja sin fines de lucro con niños discapacitados, por lo que su Directora, la Licda. Shirley Montenegro, hace un llamado a través de nuestro medio de comunicación para continuar con esta loable labor, pues ella tampoco cuenta con ayuda de ningún organismo.
Abandonada por su esposo

Al nacer su tercer hijo su esposo la abandonó, la dejó sola con la carga de sus tres hijos. Su propia familia (su madre y varias hermanas) también le han dado la espalda. Con muchos sacrificios logró hacer una pequeña casita donde se pudieran albergar ella y sus hijos, pero la misma familia la denunció con la alcaldía municipal de Rivas, aduciendo que la construcción que había hecho estaba en áreas verdes y desde hace tres meses recibió una notificación de la alcaldía para que desalojara el lugar.

En este momento doña Miriam está “posando” donde una amiga que, por caridad, le da dónde estar a ella y a sus hijos y las pocas cosas que tiene, como la cuna de los pequeños y algunos enseres domésticos. Ella y sus hijos no sólo necesitan una casa donde vivir, sino que los pequeños requieren de vitaminas, pañales desechables, leche y ropa.

Pero esta cruz doña Miriam no la ha cargado sola: su hijo mayor, Julio Cesar, de apenas 13 años no ha dejado sola a su madre ni a sus hermanitos. “Es mi Cirineo”, manifestó doña Miriam.

Milagro en Masatepe: ¡debió morir hace 17 años, pero sigue vivo!

Nació con una serie de males, el menos grave de ellos el síndrome de Down

En Masatepe, conocida por sus sabrosas tamugas, la famosa sopa de mondongo, las riquísimas e inconfundibles cajetas, la belleza de su artesanía y la delicadeza con la que trabajan los muebles en mimbre y ratán, se está desarrollando una historia de amor, de ahínco y fortaleza a la vida que voy a compartir con ustedes, amigos lectores.

Lisseth Mercado y Javier Rodríguez, ambos ingenieros agrónomos de profesión, eran un joven matrimonio próspero y feliz, con muchos sueños por cumplir y metas que alcanzar. Pero su más caro anhelo estaba cifrado en el nacimiento de su primogénito, que venia en camino, pues la joven madre estaba embarazada.

Fue un 27 de enero de 1987 cuando nació Carlos Javier Rodríguez Mercado. Todo parecía estar bien: el bebé nació sin complicaciones, en un parto natural. Cuando el pequeño tenía ya quince días de nacido la madre lo llevó al Centro de Salud para que realizaran un chequeo de rutina.

El pequeño fue creciendo y continuaron sus chequeos rutinarios. Esta vez lo llevaron a la policlínica Nicaragüense, en esa época atendía el Doctor César Gutiérrez Cuan, pediatra Neonatologo. El galeno le chequeó muy exhaustivamente y detectó algo en el pequeño que le pareció muy extraño y decidió comunicárselo a sus padres.

Al darles el diagnóstico a los padres les dijo: “yo quisiera equivocarme, pero el niño trae problemas en el corazón. Tiene una hernia umbilical y por los rasgos que él tiene, creo que el niño tiene el síndrome de Down, lo que nosotros conocemos como mongolito“, dijo el doctor.

Confirman el padecimiento

El mundo se les vino encima al recibir esa noticia. El médico les sugirió que consultaran a otros especialistas si ellos así lo deseaban, y así fue.
Cuando llegaron a Masatepe consultaron al Doctor Alemán, también pediatra. El doctor Alemán fue más directo y les dijo: “Este niño viene fallado”.

Con la esperanza de que el diagnóstico fuera errado, la abuela preguntó incrédula ¿fallado cómo? Si... contestó el doctor, este niño es mongolito.
Fue algo duro. “Más duro porque era nuestro primer hijo. Fue un golpe bastante fuerte”, nos relata la madre entre llantos.

El padre no se hallaba en Masatepe, pues se encontraba cumpliendo su servicio militar. Eran tiempos difíciles para el país y él estaba en la montaña, pero a pesar de todo siempre se mantenía al tanto de su familia. Esa misma noche llamó para ver qué era lo que había dicho el médico. Su esposa y su suegra se pusieron de acuerdo en no decirle nada para no preocuparlo antes que llegara a casa.

El padre del pequeño llegó al día siguiente y le dijeron que tenían que darle una mala noticia y que tenía que ser fuerte. Le dijeron que el niño tenía el síndrome de Down y que su esposa iba necesitar mucho de su apoyo. Al recibir la noticia, el padre se impactó y sintió que el mundo se derrumbaba.

El tiempo fue sanando la herida de los padres hasta casi normalizarlos. Carlos Javier fue creciendo, con sus limitaciones, pero con la ayuda de sus padres el pequeño superaba las pruebas. Caminó hasta los cuatro años, lo que fue un gran logro para los padres. Por recomendaciones de unas maestras de la escuela para niños especiales entró a la misma, donde aprendió a socializar con otros niños de su edad y con sus mismas restricciones.

La madre reconoce que ellos, como padres, fallaron con respecto al desarrollo psicomotor del pequeño, y es que nunca le enseñaron a hablar. Todo lo empezó a pedir por señas, por eso el niño tiene un vocabulario bien escaso. “El dice algunas palabras, como mamá, papa, no inventes”.

”No hay un año que Carlitos no parta su pastel de cumpleaños porque no sabremos si el próximo cumpleaños lo vamos a tener entre nosotros”, nos dice llorando la madre.

Hace cuatro años, los padres de Carlos Javier lo trajeron a Managua a la Clínica Cardiológica del Valle. Ahí fue atendido por el doctor Narváez, cardiólogo con especialidad en pediatría, quien le hizo un chequeo medico exhaustivo y al ver los resultados pidió hablar con ellos a solas.

Lo que les dijo los dejó devastados: el doctor no se explicaba cómo es que Carlos Javier, quien tenia entonces 17 años, estaba vivo. Les platicó de su experiencia como médico y de los casos que ha tenido que tratar, y no entendía cómo es que el niño estaba aún con vida. Para graficar el caso, les puso de ejemplo dos láminas, una de un corazón normal y la otra de un corazón con las válvulas obstruidas a través de los tabiques, como las tiene el niño en la actualidad y eso hace que la sangre fluya con una fuerza increíble y que no se purifique.

Ahora, Carlos Javier tiene 22 años. Visita la clínica cada seis meses donde le realizan una serie de exámenes rigurosos. Mantiene su hemoglobina a 22, cuando lo normal debería ser de 14 y tiene la sangre tan espesa que se la tienen que arralar con una especie de suero. Hay ocasiones que no quiere tomar los medicamentos y le hace de señas a la mamá que le dan ganas de vomitar, pero la madre le dice que si no los toma no va a ver a su tía Ilma, “y como ella es su adoración”, el niño accede a tomarlos.

Los Rodríguez Mercado tienen dos hijos más: Manuel Enrique, de 14 años y Nataly, de 9. “Son normales, gracias a Dios y han aprendido a convivir con él. Le ayudan en lo que pueden aunque en algunas ocasiones tengo que mediar entre ellos cuando, como todos los hermanos, discuten por algo, pero por lo demás los hermanos lo han aceptado”, afirma la madre.

Carlos Javier es muy conocido en todo Masatepe. Las gentes le dicen “Chayanne” o “Tanita”, de cariño. Le gusta la música reggaetón y la lucha libre, colecciona cuadernos con las imágenes de estos maestros del ring. En ocasiones se le escapa a la mamá de la casa y se va al “Pali” a empacar la mercadería de los compradores y estos le dan propinas algunas veces tan generosas que anda más dinero que los padres.

Estuvo yendo a una escuela especial en San Marcos, pero cuando los alumnos cumplen los 18 años el Ministerio de Educación los remite a escuelas donde hay talleres para que puedan aprender algún oficio. Carlos Javier fue remitido a Jinotepe, pero como muchos niños se retiraron, no había posibilidades de que el bus pasara sólo por unos cuanto niños. Sin embargo, este año la escuela “La Antorcha” está haciendo gestiones para reunir a más niños con capacidades diferentes y llevarlos de nuevo a la escuela, donde les enseñan carpintería, jardinería, manualidades, etc. A él en particular le gusta la carpintería y sabe usar el martillo, el serrucho y hasta ha realizado trabajos manuales.

La madre atribuye que él aun esté vivo a “esas ganas que tiene de vivir por el amor a su tía, a sus hermanos, a sus padres, a su tío Manuel” y a los ruegos que ella le hace a Dios para que se lo preste un poco más de tiempo, pues está consciente de que el niño “es como una bomba de tiempo”, según diagnósticos médicos, pero aún así ella se aferra a su primogénito.

Sólo dolorosos recuerdos se reavivan esa fecha

El día de la madre no existe para ellas

De niños creemos que mamá todo lo puede, que no siente cansancio, que no sufre, que no llora y que siempre estará a nuestro lado cuando necesitemos de ella. Pero esa imagen que guardamos con tanto celo en lo más profundo de nuestro corazón de niños inocentes, con el tiempo no coincide con la que vemos cuando pasan los años, ya que nos damos cuenta de que ese ser que considerábamos excelso, es todo lo contrario, visto por los ojos de un hijo maltratado por su propia progenitora. En este mes de las madres, todos celebramos ese día tan especial, todos queremos estar con nuestra progenitora que con tanto amor nos llevó en su vientre por nueve largos meses, meses de desvelo, de dolor, de sacrificio….

Pero en esta ocasión, estimados lectores, quiero compartir con ustedes la historia de unas niñas que no tienen nada que celebrar junto a su madre este 30 de mayo, pues lo único que esta “madre”, (si acaso se le puede llamar madre a esta mujer), les ha dado a sus pequeños retoños es sólo dolor, amargura, llanto y sufrimiento.

Por razones que me reservo voy a omitir los nombres originales de los protagonistas de esta triste historia ya que la misma llegó a mis manos con el objetivo de darla a conocer, siempre y cuando omitiera nombres y fechas específicas.

Todo parecía ir bien para aquella joven pareja que contrajo nupcias hace doce años. Los recién casados querían ser madre y padre lo más pronto posible y así fue: la joven quedó embarazada a los pocos meses de casada.

Nació su primera hija y todo era felicidad y amor en aquel matrimonio. Con el esfuerzo de ambos lograron adquirir un pequeño terreno, en el que luego, poco a poco, consiguieron construir una casa cómoda para la familia.

En pocos años la familia creció. Nació su segunda hija, pero para entonces, luego de seis años, aquel feliz matrimonio se estaba convirtiendo más bien en una cárcel para ambos padres. Iniciaron los maltratos, los insultos mutuos, en algunas ocasiones el padre hasta llegó a agredir a la madre delante de las pequeñas. El alcohol y la falta de comunicación entre ambos fueron algunos de los detonantes para que lo que apenas ayer era una relación idílica se convirtiera en un infierno para esta familia.

Pero en medio de esta situación tensa entre los esposos quedaba aún la esperanza de que esta relación podía ser recuperada. Esta esperanza fue reforzada cuando la madre quedó embarazada por tercera vez. Ambos padres creían haber superado sus diferencias, o al menos intentaron hacerlo por la salud de sus pequeñas.

Pero fue en vano. Las peleas continuaron y acrecentaron su tono. Los vecinos y los familiares más cercanos no hallaban qué hacer ante esta situación, ya que los pleitos eran insoportables, los gritos y los maltratos que sufrían las niñas, a las que se había sumado una tercera, por parte de sus propios progenitores, habían llegado al limite, al igual que la relación matrimonial.

Hasta que llegó el momento en que la situación llegó a su clímax y fue cuando el padre golpeó a la madre frente a las niñas y vecinos, quienes trataron a toda costa de aquietar al agresor, pero fue en vano. La mujer fue brutalmente golpeada por su esposo
Luego de un tiempo la pareja se separó.

Decidieron vender la casa que con tanto esfuerzo habían logrado adquirir sin pensar en las niñas que ahora están pagando las consecuencias de esta separación que, de todos modos, se hacía imperativa.

El padre volvió a rehacer su vida con una nueva compañera, en cambio, la madre, ha descargado toda la furia de su fracaso matrimonial en las pobres criaturas. Las maltrata, les habla con un vocabulario que no es el adecuado, les viola constantemente sus derechos, no las manda a la escuela, hay ocasiones en las que no les permite que hablen con su padre y el dinero que les lleva éste a la mujer para la manutención de las pequeñas ella se lo gasta en fiestas y en diversión con su actual pareja.

Hay que resaltar que las criaturas no han pasado hambre y demás penas ya que la abuelita ha velado por ellas cuando la desnaturalizada madre las deja al sol y al viento mientras ella se sacia en el mundo de la diversión y el libertinaje.

Por otro lado, es de vital importancia mencionar el daño psicológico irreversible que estas criaturas están sufriendo por esta vida de llanto y de lágrimas que les está dando la mujer, daños que ya son evidentes en las menores. Por ejemplo, su sistema nervioso está totalmente alterado, en la escuela no están teniendo el rendimiento óptimo que deberían, a la vez se les nota distraídas y apartadas de los grupos de niños de su edad.

Es doloroso pensar que esta mujer que un día llevó en su vientre por nueve meses a cada una de sus hijas, sea ella misma la que hoy en día, lentamente, les esté quitando la vida con su forma de actuar, de tal manera que los menores aseguran sentirse mucho más tranquilas y en paz cuando no está la desnaturalizada mujer al “cuidado” de ellas.